Este lunes, millones de iraníes inundaron las calles de Teherán en una masiva procesión fúnebre para despedir al asesinado líder supremo, Ali Jamenei, y a tres de sus familiares. La jornada, marcada por gritos de venganza, representa el tercer día de un funeral nacional diseñado como una demostración de fuerza tras la ofensiva militar lanzada por Israel y Estados Unidos el pasado 28 de febrero. El acto, pospuesto meses atrás debido a la guerra, marca un momento de alta tensión en la región.
El recorrido de 12 kilómetros atravesó la capital desde la avenida Damavand hasta la emblemática plaza Azadi. La multitud portaba banderas nacionales, retratos del ayatola y pancartas con consignas en persa e inglés que exigían represalias contra los líderes de EE. UU. e Israel. Las autoridades confirmaron que el evento se extenderá hasta por 12 horas para permitir la participación de peregrinos de todo el país en un ambiente de profundo fervor espiritual.
Tras concluir las ceremonias en Teherán, los féretros serán trasladados a la ciudad de Qom y posteriormente a Irak. Mientras la República Islámica busca proyectar unidad tras 36 años de mandato de Jamenei, la ausencia pública de su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei (quien resultó herido en los mismos bombardeos y solo se comunica mediante declaraciones escritas), sigue generando una fuerte expectativa sobre el futuro político del país.